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ENTREVISTA A JORGE RULLI: EL ÚLTIMO PERONISTA – PARTE II

23 Sep. 2026
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El domingo 7 de agosto de 2022, en una mañana muy fría y soleada, fuimos a Marcos Paz a entrevistar a Jorge Rulli. Vivía allí con su esposa Wanda y algunos de sus hijos. Rulli se había instalado en una pequeña chacra que había construido en una casona muy antigua, en su vuelta definitiva a Buenos Aires a fines de los ochenta, tras su penoso exilio en Europa. Imbuido por su experiencia de destierro en Suecia en las ideas del ecologismo, Rulli amalgamó su viejo avatar de combatiente peronista con las nuevas corrientes postmodernas y se animó a pensar y practicar algo nuevo. Mezclando la Carta ambiental a los pueblos del mundo de Perón, escrita en 1972, con las ideas de vanguardia del ecologismo europeo, se dedicó a la reflexión y a la acción sobre las experiencias de luchas de base contra el menemismo que estaban sucediendo en ese mismo momento en nuestro país. Armó junto a sus compañeros el Grupo de Reflexión Rural (GRR), desde donde se dedicó a pensar y a combatir, más cerca de las raíces cristianas y ácratas del movimiento que de los despachos desde donde en ese momento el menemismo -y después el radicalismo y el Frepaso-, entregaban las capacidades nacionales a la usura internacional.

Cuando nos recibió en ese su último invierno ya se encontraba mal de salud, pero igual hizo un esfuerzo físico para tenernos todo el día conversando. En el medio, comimos una carne al horno con papas y verduras que nos cocinó Wanda y tomamos vino de damajuana. Fue la última entrevista extensa que dio, dado el empeoramiento de su estado de salud. Tenía 84 años. Unos nueve meses después, Jorge Rulli fallecía en esa misma casa. Con él, se moría el último pedazo de peronismo que existía. Al evocar esa muerte desde hoy, me es difícil no sentir un nudo en el cuello ante la intuida seguridad de saber que con Rulli se fue lo último que nos quedaba como propio y real a los peronistas.

Jorge Rulli fue un verdadero estadista de la nación, pese a que paradójicamente nunca fue un hombre de Estado. Rulli debería tener el mismo relieve que Jorge Bergoglio o mucho más que Pepe Mujica, pero no se lo conoce. Y en buena medida, ese desconocimiento es un efecto directo de la calidad y la densidad de su figura. Un soldado, un profeta, un poeta, un filósofo, Rulli era exactamente todo lo contrario a lo que son los políticos hoy, sobre todo los que se llaman “peronistas”: una federación de clubes de abogaduchos con vocación psicópata, millonarios o aspirantes a serlo, que sueñan con vivir en un barrio privado o ya lo hacen, y usan la política para mejorar su posición, en vez de usar su posición y poner todos sus recursos al servicio de una causa mayor. Lo hacen encima embanderados en los viejos símbolos.

Rulli fue muchas cosas, murió como un revolucionario-conservador, un nacional-bolchevique, un eco-fascista, un anarco-peronista, es difícil y es innecesario clasificarlo. Pero seguro que no era un militante de lo que ahora se hace llamar “peronista”, no tenía calcos ni termo Stanley, no adoraba la estética pop rebrandeada que parasita las viejas banderas para provecho propio mientras se las contradice en la práctica, no vivía de hacer remeras con frases del indio, no había distancia entre sus palabras y sus hechos, entre sus ideas y su forma de vida. Aborrecía todo eso. Al punto que una de sus últimas manifestaciones callejeras fue organizar un repudio en la puerta de la sede del PJ porteño porque exhibía la obra de un “artista” progresista donde se profanaba la memoria de Eva Perón en una muestra de pésimo gusto.

Publicamos esta segunda parte de esta extensa conversación sobre su vida, que es su obra. Porque Jorge Eduardo Rulli fue el filósofo-guerrero que dejó su legado en la praxis de su vida entera. Por eso, estas conversaciones sobre su pasado son retazos de la obra magna del gran hombre de nuestro tiempo, que se llevó con él lo poco que nos quedaba, y que con su muerte nos obliga, fatalmente, a reinventarnos o a morir para renacer.

Parte II

¿Jorge y cómo vivís la llamada primavera camporista

Y lo viví como una gran frustración. Me habían ofrecido la Dirección de Cultura del municipio de La Matanza. Un edificio de varias plantas que hay en Ramos Mejía. Con este proyecto insurreccional que ha llenado toda mi vida, el plan que tenía era salir por la zona de los boliches con una cantidad de compañeros con barras de hierro y romper todo y convocar a una gran pueblada. Pero bueno, todo fue al revés. Nombraron como director de cultura a un tipo cualquiera, a un profesor que ni siquiera le conocíamos su peronismo. Ahí me quedé muy mal. 

Fuimos a ver al gobernador (Oscar Raúl) Bidegain y cuando nos íbamos, en algún momento hablamos con la esposa, le contamos el problema y nos dijo “¿Y qué están esperando para ocuparla?”

Evidentemente cada uno tenía su política, pero entrecruzadas. Yo me había planteado ocuparla, pero no me acompañaban los compañeros. Aceptaban el peronismo tal como era. Estaban dispuestos a obedecer. Pero ante esta indicación de la esposa del gobernador, volvimos y ocupamos la Dirección de Cultura, varios pisos. Convocamos apoyo y se llenó, había 300 personas, mucho armamento y además mucha gente. Había artistas que vinieron y como hay un enorme salón de teatro, se hacía teatro con el escenario, con las butacas llenas…

Toda esa toma pidiendo que te designen a vos director de Cultura…

Claro, porque ya habíamos armado con Rodolfo Kusch un Plan General de Cultura Popular, de belleza, de enaltecer o movilizar la cultura popular, y no hacer concurso de barrilete, concurso de truco. Pensábamos poner de pie a La Matanza, a través de las ideas de Rodolfo Kusch y la cultura popular. Y Kusch había concertado una cantidad enorme de gente que nos iba a ayudar en todo, incluso voluntariamente. Pero se fue todo al diablo.

En un momento en que yo no me siento bien, yo vivía a cuatro cuadras de ahí, y me tomo un respiro, me voy a mi casa y cuando vuelvo, el segundo mío, que después colaboró en toda la época menemista, había convocado a una asamblea y levantó la toma. Esto significó que tuve que afrontar la situación que vino después, los años que siguen, sin un respaldo. 

Lo último que hice para la Juventud Peronista de La Matanza fue en Bienestar Social. Fui a elegir sobre el mapa, y esto es algo de lo que se habla poco, pero había un mapa enorme, enorme, que tenía como seis metros de largo sobre una enorme mesa redonda donde cada grupo elegía el lugar en que quería estar. Y yo, consciente de que el encuentro prometía situaciones muy feas, elegí la zona de las piletas porque estaba resguardado por un alambre, para salvar a mi gente, así que ahí estuvimos y no tuvimos bajas.

¿El mapa era sobre la movilización para Ezeiza a buscar a Perón? 

Me consta que estaban todos: de Montoneros a la CNU. Todos pasaron por ahí porque los vimos, porque estuvimos ahí. O sea, si hubieran querido evitar el enfrentamiento lo hubiesen logrado perfectamente. 

¿Y cómo? ¿Cómo fue eso? 

Había 300 autos abajo. O sea que no solamente yo elegí el lugar, sino que nos dieron siete vehículos para cargar a las personas mayores. Ahora, el día anterior a la movilización, Montoneros da un golpe de mano y se lleva por lo menos a 150 de los vehículos del Ministerio de Bienestar Social. O sea que se rompieron las reglas desde antes de Ezeiza, a tal punto que de los siete prometidos, nos llega uno solo con un chofer, un vehículo del Ministerio con un chofer, y de esto no se habla.  

¿Vos participaste de esas reuniones? 

Fui, yo participé, me crucé con la gente del CNU, que nos tomamos las culatas, así, te digo. Y nos separaron porque íbamos armados o sea, no me puedo olvidar de eso. Estaban todos, estaban todos esperando y además elegimos. Nos dijeron “¿cuántos autos necesitan?”. Todo eso Montoneros lo pateó, ¿comprendés? Fue muy duro. Lo que hizo Montoneros fue de muy mala leche.

Y todavía hablan de los que estuvieron en el palco, de los que defendieron el palco. O sea, se descuenta que era el lugar donde iba a estar Perón, parece que defender el palco fuera una cosa horrible, y atacar el palco es algo elogioso, siendo que en el palco iba a estar Perón. ¡Es de locos cómo han impuesto su hegemonía cultural, su mirada hegemónica!

A partir del libro de Verbitsky sobre todo, ¿no?

Y a partir de esta dirigencia política. Yo calculé las edades de la Plaza de Mayo del 74, donde le gritaron a Perón “cornudo”. El promedio eran 14, 15, 16 años. Decime qué político no estuvo ahí. Todos, todos pasaron por ahí, pero no todos estuvimos defendiendo a Perón y tirando cascotes sobre los que se iban. Y todos han pasado, o casi todos pasaron.

¿Vos defendiste a Perón?

Sí, por supuesto. Yo estaba en las escalinatas de la catedral, los vi pasar y nosotros apedreamos a los que se iban, dejando la plaza. Pero entre la gente, yo conocía a los de la Facultad de Agronomía. Ellos convocaron a las juventudes políticas porque todos sabían lo que iba a pasar. Yo lo vi a (Héctor) Huergo, el de Clarín Rural, ¡yo lo vi y era de un partido trotskista! (risas). Él y sus compañeros estaban en la manifestación de Montoneros, que venía de la Facultad de Agronomía. Yo estaba en la escalinata y los vi pasar y venían radicales, democratacristianos, todo porque habían convocado a las juventudes políticas y todos sabían que era para romper con Perón. 

Ahora decime de los diputados y de los dirigentes políticos, hay que calcular el tiempo y te das cuenta que hoy tendrían 65 años y es el gobierno actual. Todos tienen cola de paja, todos. 

Me contó Mario Cafiero que fue mi amigo que estaba con su novia, que ahora es su esposa, la madre de sus hijos. Bueno, él murió el año pasado, pero él estaba en ese momento con los Demetrios, que era uno de los tantos grupos de Juventud Peronista, y en la plaza pelearon porque ella es más rebelde. Ella se quería ir y él impuso su voluntad de novio y se quedaron y me lo han contado aquí, riéndose. ¿Te das cuenta? 

Eso se replicó por millares en esa plaza. Y ahí se abrieron dos caminos, que es el camino de la traición, porque todos tienen la conciencia sucia! Son dirigentes con la cola de paja. 

Y se perdió el gran proyecto porque quedó olvidado lo que Perón había presentado unas horas antes, ¡que era su legado!: ¡El proyecto nacional, que es el Modelo Argentino, el modelo argentino para una comunidad organizada, para un proyecto nacional! Y quedó en el olvido. Lamentablemente. O sea, el fracaso de hoy, la agonía del peronismo de hoy tiene raíces muy antiguas. Una fue, que yo te hablé de Villalón, de esa opción, de esa enemistad, de ese desencuentro que tuvimos con Cacho El Kadri, por ejemplo, en el 63, 64, pero es el momento en que John William Cooke vuelve a la Argentina y claro, ya no es el delegado y el Gordo estaba muy resentido. ¿Y qué hace? Escribe que el peronismo es un movimiento, es un gigante invertebrado y miope ¡y hasta descerebrado! O sea que necesita, según Cooke, una conducción. Y quién le iba a dar la conducción sino los marxistas, los intelectuales marxistas, que en los manuales de marxismo aprendieron que por ser intelectual y comprender marxismo podían ser líderes. Y bueno, eso es lo que pasó. Y era puro resentimiento, porque fue el momento de mayor organización del peronismo. Tuvimos las 62 de pie junto a Perón, el MRP, FAP, el cuadrunvirato… Se dio una organización completa. El Gordo dijo que era el momento del gigante invertebrado, fíjate, es la profecía anticipada y cumplida, porque en realidad después en el 2005, 2006, 2007, 2008, ahí, ahí se concreta el gigante invertebrado y son los mismos que lo denunciaron en aquel año, una profecía anticipada, pero que ellos mismos cumplieron.

¿Vos creés que a partir del abandono de la Plaza ahí se bifurca para siempre la historia nacional? 

Se da un desencuentro muy grande. En realidad yo te hablaba del 73, cuando aparte de ocupar la Dirección de Cultura de la Matanza que me la dieron, yo en ese momento no tenía de qué vivir. Yo dejé la militancia y vivía de un pequeño comercio que tenía mi mujer de entonces. 

No tenía de qué vivir porque Montoneros había presentado una tríada de precandidatos para cada puesto del gobierno. Yo no tenía de qué vivir, entonces empecé a buscar laburo por mí, ¿pero qué hacía? Volvía a hacer encuestas por la calle… ¿qué podía hacer? De casualidad un amigo que tenía, para que veas lo que yo digo que fui cancelado, es duro ser cancelado… Yo tuve muchas noches oscuras del alma, pero esa fue dura. De casualidad me veo con un abogado amigo, no tan amigo, pero que era conocido de la Facultad de Agronomía y lo vamos a visitar con Pelusa y le digo “te veo mal, preocupado” y dice “no puedo resolver un problema que me han puesto en la mano”.

“¿Qué problema?” le digo. “Tengo que encontrar un administrador para el campo de la facultad, pero no encuentro a nadie”, dice. “¿No hay nadie que se quiera ir”, “¿pero por qué cuál es el problema?” le pregunto. “Y, que hay que irse a vivir ahí y nadie quiere. Y desde Buenos Aires no se puede manejar. Hay que estar, hay que vivir ahí”. Entonces Pelusa le pregunta “¿pero hay que ser ingeniero agrónomo?” “No, ya a esta altura agarro a cualquiera”.

“¿Y por qué no se lo ofreces a Jorge?” “¿Y vos querrías?” “Por supuesto” le digo, “Si yo quiero poner distancia. Estoy harto de esto. Del gobierno, de los montoneros, de todo. Una locura total. Es una locura. No es lo que yo pensaba. Los tiroteos, los compañeros muertos. Ayúdame a poner distancia”, dice: “”Encantado, ya mismo”.

Entonces me conciertan una cita Rodolfo Puiggrós y van tres decanos a respaldarme, uno era Mario Kestelboim y algunos abogados de la Asociación de Abogados de Buenos Aires y todo bien. Y va Pelusa y el viejo Puigrrós se pone a debatir sobre vinos chilenos, encantado el viejo. Pelusa le sigue la corriente y el viejo se olvida de todo. Hasta que Mario Kestelboim le dice “doctor, me parece, deberíamos concretar” y le dice: “Sí, sí, andá y decile a Ernesto Villanueva que me prepare los papeles y yo lo firmo”.

Y sigue hablando de vinos. Al rato vuelve Mario con cara de preocupación y le dice “Profesor, hay problemas”. Bueno, dice, “yo después veo cómo arreglarlo”. Y ahí nos vamos. 

Al rato -me cuenta Ernesto Villanueva después- que impugnan mi nombramiento en nombre de Montoneros: “Montoneros impugna, Montoneros te impugna personalmente. Entre otras cosas, dijo que quieren utilizar el campo para entrenamiento militar, para prácticas militares y entonces, bueno, vos no sos de confianza para estar ahí”. ¡Mentira, si era un lugar lleno de gente! Pero bueno, me impugnaban ideológicamente.

¿Entonces yo qué hice? agarre el tantan peronista, el teléfono. Llamé a todos: a Spina, a Cacho El Kadri, al Teniente (Julián) Licastro, a todo el mundo, le conté a todo el mundo y se armó y corrió la voz por todas partes que a mí me impedían hacerme cargo del campo. 

Pero ya defendiendo a las últimas posiciones. Ya no sabía qué hacer. Era mi gobierno. Me había preparado tantos años… y me patearon. Fue durísimo… 

Entonces, al final tanto corrió la voz que el deterioro, el precio que estaban pagando, era muy alto. Entonces me llamó Puiggrós y me nombraron en el campo San Pedro, como quien se va al exilio. Y encontré una primavera. Encontré un horizonte de felicidad enorme, hice cantidad de cosas, le construí casas a los peones que no las tenían.

¿Es este un primer contacto serio con lo rural?

Y con el agro… Llovía mucho, había un barrial… era imposible llegar. Entonces llegamos por la Ruta 9 a una gasolinera, en Panamericana, y me vinieron a buscar con un tractor y un acoplado y nos llevaron a la puerta del campo. Le dije al peón, al tractorista que parara. Bajamos y puse un cartel que había preparado: “La tierra para el que la trabaja”. Mirá lo que era el entusiasmo, el idealismo que había…

Llegamos y estaba la casa, la casa entera iluminada con todo el personal de servicio en la puerta, en el casco de la estancia. Todas las luces encendidas. Bajamos empapados. Estaba el fuego encendido en el hogar, me acuerdo. Sacamos las armas, las pusimos a secar. La mesa tendida con comida. Les dije a ellos que al día siguiente quería tener una reunión con todos los trabajadores y nos fuimos a dormir. A la mañana me llevan a la explanada de los silos donde estaban reunidos todos, eran como 30 o 40 y bueno, los encaré y les dije “compañeros, conmigo llega la Revolución a este campo San Pedro, a partir de ahora somos todos iguales, somos compañeros, no hay más mayordomo, no hay más capataces, vamos a trabajar por una Argentina mejor, bla bla bla. Bueno, comencemos el día de trabajo”. Se quedaban ahí mirándome. “¿Y qué hacemos?” me dice uno y le respondo: “ustedes son grandes. Ya tendrían que saber qué hacer”, pero no sabían. Se fueron, pero no sabían. Fue un error descomunal. Tuve que reemplazar a los capataces y a los mayordomos. Ya no dormía de noche, trabajaba con manuales de Peuser, con la guía Peuser, para saber, porque yo no tenía idea de cómo se manejaba un campo. Pero estudié, estudié y estudié. 

Les daba misiones concretas hasta que empezaron solos a moverse. Entonces veía: voy a construir un pasa-ganado aquí, arreglar una tranquera allá, a tal potrero le falta sombra. Y les daba las tareas, a veces hasta por escrito, hasta que pude conformar un comité de trabajo, porque yo además venía de Chile y tenía todas estas ideas, un comité de producción con un grupo de compañeros de ahí y la cosa empezó a marchar, pero era demasiado idealista…

¿Y no te costó el cambio con la ciudad?

No. Lo viví como una gran felicidad, mi viejo me había transmitido este deseo de vivir en el campo y recordaba todo eso: las noches en la cocina debatiendo cómo iba a estar la casa que íbamos a tener, la arquitectura rural.

Y traté de aplicar todo lo que había aprendido porque yo había sido estudiante de veterinaria, no de agronomía, pero las facultades estaban juntas. Y para tener más disposición económica y financiera logré verme de nuevo con Puiggrós que vino a visitarnos y estaba muy orgulloso de todo lo que habíamos hecho. Porque hice tres casas en dos meses, una cosa de locos, con los mismos compañeros del campo, además de multiplicar el ganado. Fue un trabajo descomunal. Puiggrós estaba tan orgulloso que pasamos a depender de la Universidad de Buenos Aires. Dejamos de pertenecer a la Facultad para depender de la Universidad, que estaba en la calle Viamonte. Entonces estábamos mucho más jerarquizados, mucho más libres, porque por ejemplo, no teníamos vehículo cuando llegamos. Canibalizamos otros que eran iguales, había dos o tres vehículos y bueno dije que canibalicen varios para poner uno en marcha; y lo hicieron en un día. Había gente tan capaz en el campo, tan capaz… Podían hacer cualquier cosa, tenían todos los oficios.

Tuvimos tres tractores, uno gigante, uno mediano, uno pequeño y después teníamos un colectivo Mercedes Benz y teníamos un gasolero y una Ford F-100 que para la época era terrible, un avión. Cuando llegué no había nada. Uno estaba en un taller, la otra prestada, y dije que no podía  ser y mandé a recuperar los vehículos. Fuimos al taller, del otro canibalizamos unas piezas, pusimos en marcha el otro y teníamos toda una flota de vehículos.

Puse gente a cargo, teníamos una cocina para peones, todos se quejaban. Entonces dije “bueno, vamos a comer todos juntos en la casa grande”. Otro grave error porque a la semana se estaban quejando “no puede ser, siempre pato a la naranja” jaja. Claro, porque Pelusa cocinaba y era exquisita, había tenido restorán en Chile. “Entonces vuelvan al comedor de peones”. Era muy divertido, hasta los errores eran divertidos, estábamos aprendiendo. Éramos como una familia, vivían 100 personas, era casi un pueblo. Yo era el único que no tenía auto, para ir a comprar al pueblo le tenía que pedir el Citroen a alguno de los peones. 

Y te agarra la muerte de Perón viviendo en San Pedro.

Me agarra y bueno, fue durísimo, sobre todo porque algo me decía, me anticipaba, que iba a ser una tragedia terrible y fue así. Teníamos alguna militancia en la zona. Así que pasamos por el pueblo más cercano y los compañeros preguntaron qué hacer. Les dijimos de hacer un velatorio simbólico, con un féretro y una capilla ardiente. Los dejamos y nos fuimos al velatorio en Buenos Aires, ahí nos atrapó toda la cosa de rodear a Isabel, de pensar la transición.

Ahí yo empiezo a comprender la traición de alguna gente, sobre todo de Guardia de Hierro, que eran muy importantes en el plano político del PJ y como habían callado esa fórmula horrible, espantosa, que era Perón-Perón. La fórmula era Perón-Balbin, pero bueno, hubiésemos tenido una transición responsable, no habríamos tenido el golpe militar que tuvimos. 

Siempre se dice que Perón quería Perón-Balbín

Sí, pero bueno, los chupamedias decidieron que era mejor Perón-Perón. 

Gelbard nos dijo que le había llevado la noticia a Perón y que nunca le había visto un rostro tan triste: él también anticipó que iba a ser una tragedia nacional. Y bueno, los golpes… Mientras la guerrilla seguía golpeando, la vieja oligarquía -que ya no existe- dejaba en carne a Buenos Aires. Entonces tuve un plan, que era una fundación de empresas de cría de ganado del Estado junto con una escuela de mayordomía, para que a nadie le pasara lo que a mí, que tuviera que estudiar de noche para saber qué hacer de día. Porque es muy complicado ser mayor administrador de un campo. Muy complicado, sobre todo si querés trabajar bien. Y todo esto llegué a mostrárselo a Damasco y le gustó, pero al final no me dieron respuesta. No, y era en base a todo lo que se remonta a veterinaria del ejército y los miles y miles de hectáreas de campos legados que tiene la Universidad de Buenos Aires.

Yo traté de llegar a esos campos, pero los Montoneros me negaron. También me cerraron la puerta. 

¿Y venís a Buenos Aires al funeral del General Perón? 

Estoy diez días más o menos en Buenos Aires, y cuando volvemos nos encontramos que todavía estaba ese velatorio simbólico, las luces encendidas, entramos de noche en el pueblo y vemos la luz. Nos conmovió tanto…

O sea los compañeros del pueblo vecino que ustedes habían dejado velando simbólicamente a Perón todavía estaban velando, diez días después…

Sí, a la mañana siguiente volvimos y levantamos el acto. Yo además de ser administrador del campo San Pedro, me había hablado Licastro para que lo ayude en la Secretaría Política de la Presidencia, pero le digo “bueno, siempre que sea ad honorem, porque yo vivo de la Universidad”. Ahí es donde Perón encarga a Licastro dar la pelea ideológica contra Montoneros, o sea, defender al peronismo.

Licastro lo hace hasta que lo amenazaron de muerte y entonces se va al Perú. No quise verlo nunca más. Nos traiciona totalmente por temor. Y sí, claro, si le hablan al guardaespaldas y le dicen “decile a Julián que es un cadáver, decile que está muerto”. 

Inmediatamente renuncia, me llama, me pide la renuncia y desmantela todo lo que habíamos hecho. Éramos tres: dividía el territorio entre tres: uno era Bordón en Cuyo; yo a cargo de Santa Fe – Buenos Aires y un viejo compañero de la Juventud Peronista de Chaco, a cargo del Noroeste 

¿Bordón el que después iba a fundar el Frepaso, el Frente Grande, el que va a ser embajador en Chile?

Claro. Cubríamos la zona, yo, por ejemplo: Ramallo, San Nicolás y concertaba conferencias, las daba yo o le abría la puerta para que lo llamaran a Julián Licastro para hablar de doctrina, tratar de abrir las mentes, porque además los Montos eran pura verborrea. Perón les dio cinco provincias y la Universidad de Buenos Aires y no hicieron nada. Por eso te contaba que llegué al Campo San Pedro y dije “se acabaron los capataces”, y puse un cartel “la tierra para el que la trabaja”. Los Montoneros tuvieron cinco provincias y no hicieron nada más que reclamarle a Perón y desgastarlo a Perón. Hermano, hacé algo en tu provincia, en Córdoba, en San Luis, en todos los lugares que tenés. En Buenos Aires, Santa Cruz. Ni un proyecto de ley. Nada. ¡No entiendo esto que es! 

Yo fui a la provincia de Buenos Aires, había un compañero allí en la Secretaría General, no me acuerdo, tenía a su cargo toda la policía, estaba en la Gobernación. A ese muchacho después lo desaparecieron con el régimen militar. Entonces los compañeros iban a pedirle armas, permisos para tener un arma, portación. Estuvimos un rato charlando, tomando café y yo que venía del campo San Pedro, trabajaba todo el día y a veces de noche me levantaba para recorrer. Dijo, “los invito a otra ronda de café”, y yo le respondo, “pero no entiendo, ¿no tenés nada que hacer?”

Y me contesta “si te cuento… cuando yo me hice cargo, esta mesa estaba así alta de expedientes y los empecé a romper y a tirar los papeles y no me jodieron más”. Yo dije “está loco”. Así era el gobierno de los Montoneros, imaginate, eran trastornados, un trastornado total. Claro, no lo molestaron más, no existía. ¿A dónde irían los expedientes? No sé, no digo de idolatrar los expedientes, pero no podés hacer eso. Bueno desnaturalizaron al Estado, pero por incompetencia e irresponsabilidad.

Y vos ya estabas desenganchado de todo, de toda orgánica, estabas con tu familia… 

Y comprendí: la esposa del gobernador me aconseja ocupar la municipalidad, la dirección de Gobierno de la Municipalidad, pero me llama Julio Troxler [militante peronista y subjefe de la Policía de Buenos Aires durante el gobierno del Dr. Oscar Bidegain] y  me dice “Rulli, ¿qué haces ahí?”. “Estoy ocupado, bla bla”. Le explico entonces. Le digo “qué vas a hacer”. “Voy a tener que proceder”. Me dice. “Yo tengo una jerarquía”. Yo le dije “bueno, te esperamos, pero acá hay fierros. Vas a tener una batalla, hacé lo que tengas que hacer”.

Así era: hasta la última bala, hermano, a cumplir con tu deber, que yo voy a cumplir con el mío.

Era muy loco porque los que nos disputaban el poder eran los traidores y estaban en todas partes, los Montoneros, y ya estaban discutiendo hasta dónde se podía, no solamente matar a Rucci. Nos consta que en algunas asambleas discutieron la posibilidad de matar a Perón. Estaban enloquecidos con el poder, y el común no lo veía y eran cómplices.

Y yo tenía, siempre tuve, esa mirada anticipatoria, para darme cuenta que reeditaban el viejo gorilismo del 55, el de la exposición de zapatos de Evita, todo eso espantoso que yo había vivido.

Pero no tenía esa capacidad para llevar a cabo mi plan. Yo le presenté el proyecto de hacer carnes y formar gente para conducir, porque si no, cómo hacemos la reforma agraria, si no tenemos con quién, y a nadie le interesa ni siquiera ir al campo. ¿De qué reforma agraria estamos hablando? No hay gente preparada. Ponés un ingeniero agrónomo a cargo de una estancia y no sabe qué hacer. Están para firmar recetas de plaguicidas.

¿Y cuándo viene el Golpe en marzo del 76 vos estás en el campo San Pedro? 

Después de la muerte de Perón, Isabel nombra a [Oscar] Ivanissevich de Ministro de Educación, e Ivanissevich nombra en la universidad a [Alberto Eduardo] Ottalagano: ¡maldito hijo de puta!

Cuando lo nombra a Ottalagano y renuncia Puiggrós, yo redacto mi renuncia y me voy a presentar en la calle Viamonte, al Rectorado, pido hablar con él, con alguna figura importante o con el rector o como sea, y me dicen que espere en una sala donde había cinco o seis personas y espero un rato. Ahí, de pronto viene alguien, se presenta como secretario del rector, y me dice “¿usted quién es?” Y yo le digo “Rulli” ; “¿Usted es Rulli, el del campo; qué hace aquí?” Le digo “vengo a traer mi renuncia”; ¿cómo a traer la renuncia? Acabo de enviar un grupo armado para sacarlos del campo y usted trae la renuncia”.

Entonces le digo: “ustedes son unos hijos de puta. ¿Cómo ´gente armada´? Yo soy peronista, hijos de puta. En el campo vive mi familia”

Y el tipo estaba acongojado y dice “bueno, no sé qué decirle. Váyase al campo cuanto antes porque no puedo parar lo que ya ordené, fue un grupo armado”.

La verdad, es demencial, era como para hacerse antiperonista ahí mismo. ¡Qué terrible… 

Me fui al campo, pero ya estaban, llegué y estaban todos. Claro, Pelusa había dispuesto todo un sistema que teníamos de seducción de profesores y personajes, y entonces estaban con el FAL entre las piernas y un platito así de masas finas que les había servido Pelusa. Es más el FAL que no sabían dónde ponerlo, una copa y entonces estaban todos, eran como 20 cargados comiendo sanguchitos y cositas.

Habían llegado a desalojarnos por la fuerza. La cocinera estaba trabajando y  mi mujer los había agasajado. Tenían contra la pared a un chico de los más leales que sabía, que había intentado pelear y lo pusieron contra la pared, lo estaban cuidando con un arma. Mi compañera repartía fotos de Perón, la foto de Perón dedicada a mí, fotos con Licastro, fotos que demostraban mi peronismo. 

Ahí trato de ver qué pasa, quién es el que conduce. Se me presenta un croata que hablaba mal el español y me dice que quiere hablar conmigo. Vamos a mi oficina, el tipo me dice: “Vengo de Paraguay, yo trabajé para Stroessner, yo soy un justiciero, un croata Ustacha”, me dice. Me muestra una carpeta que tenía con cantidad de gente a la que supuestamente tenía que eliminar. Me dice: “Le quiero contar lo que pasó, porque a mí evidentemente me mandan para que yo lo mate a usted”. Me hablaba así como europeo y dice: “pero yo me fui a ver a la Policía de San Pedro, al comisario general de San Pedro, la ciudad más cercana, y le pedí zona liberada y le dije ´voy a tener un tiroteo en el campo de la universidad´. Y el comisario me dijo que cuente con la zona liberada. Pero me dijo que le llamaba mucho la atención, que le sorprendía lo que yo le estaba diciendo. Entonces el croata le pregunta: “¿por qué le sorprende?” y el policía le explica: “No veo la causa de lo que vino a hacer, porque allí el que administra es Rulli. Es un caballero, y ha estado aquí con su esposa. Hemos tomado café en mi despacho y me ha contado todo lo que iban a hacer. Se presentó, lo primero que hizo fue venir y presentarse conmigo”. El comisario me salvó la vida. El croata me cuenta: “Reuní a mis muchachos. Dije: “atención, no quiero oír ningún disparo porque me parece que los están usando. Vayan con cuidado, sin disparar”. Y así entraron. Entraron sin disparar. Qué paradoja. Que paradoja. ¡Me salvó la policía! 

Yo no quería ir. ¿Cómo voy a ir a ver al comisario? Pero Pelusa venía con la experiencia de Chile, con Salvador Allende. Pelusa me dijo “te han nombrado funcionario, tenés que ir y hablar con las otras autoridades y presentarte.” Claro, sabio consejo. Me puso la mejor ropa, un saco de pelo de camello que venía de Chile, que me había comprado ella en el exilio y nos fuimos a ver al comisario. Nos presentamos, “soy el nuevo administrador”, como debe hacerse. Me salvé, me salvó la vida. 

Y también que los otros matuchos hayan sido disciplinados y cumplieron la orden de su jefe… 

Eran unos salvajes, sí, pero igual trataron de no meter la pata, nada más, nada más. Eran unos salvajes. Salvajes. Yo te digo, yo lo vi antes de irme: corrieron carreras con los tres tractores, que ya te digo, los cuidaba más que si fueran míos. Agarraron los tractores y corrieron carreras. Eran salvajes. Es una película de otros. Había uno solo, una sola persona que estaba, el tractorista, y nadie podía pasarle por arriba, nadie podía tocar un tractor, él disponía todo.

Él me decía “necesito esto”, yo se lo compraba. Era un tipo de esos que en el taller de campo tenían el retrato de cuando había sido granadero en la época del servicio militar. Un tipo de una honestidad… un grandote enorme. Bueno, imagínate. Y estos metían la mano en todo.

Perdimos. Esa fue la primera noche oscura de mi vida, porque no terminó ahí. Yo me voy a la casa de mis padres. Vendimos todo lo que teníamos, muebles en un garaje. Y una de las cosas que más recuerdo con dolor, antes de irme del campo tuve que dispararle a mis perros. Fue tremendo. 

Y me quedo, medio boyando, tratando de buscar justicia, de mandarle una carta a Isabel. Logro mandarle una carta a través de una señora que era de las damas que la rodeaban. Una carta donde yo denuncio todo esto.

Isabel ordena enviar esa nota al ministro de Educación: Ivanissevich. E  Ivanissevich ordena enviar la carta a Ottalagano: una condena a muerte. Isabel  me condena a muerte. Después la vi una vez en Fuengirola, en España. La encontré en el banco. Se lo dije, pero… un ser mediocre…

¿Y vas preso en Salta y después vas al exilio? 

Con el proceso militar… Lo que pasa es que hay tanto hijo de puta entro como fuera del peronismo: en el diario El caudillo, Julio Yessi decía que descubrieron trincheras y mucha munición que se gastaba en el campo San Pedro… si serán malditos… Me tomaron como enemigo a mí para justificar. ¿Encontrar trincheras? ¡Imposible! En el campo había todo tipo de gente, porque yo contraté gente, tenía todo tipo de trabajo. Mandé peones a Buenos Aires, los entrenaron en porcinocultura y entonces armé un criadero de cerdos con la gente de a caballo y la gente de a pie. Con la gente de a pie no sabía qué hacer entonces los entrenamos en la facultad para hacer porcinos que no había. No se hacían puercos. Hice un criadero enorme de cerdos, y así tantas cosas… 

Ahora vamos a hacer una elipsis al presente y estamos en un momento particular del gobierno del Frente de Todos, porque Massa acaba de asumir la semana pasada como interventor, casi, como un presidente de hecho, ¿Cómo ves este momento particular y cómo ves esta etapa del peronismo en el gobierno a partir del gobierno de Alberto Fernández? 

Sí, lo veo como etapas que van profundizando un proceso de desperonización creciente, donde ya los gestos son similares. Los nombramientos los podría haber hecho cualquier político no peronista, da lo mismo. Vuelven loco los tipos como Daniel Marx, responsable de la deuda externa. Ningún problema. Todo esto que hay en el agronegocio, o sea, los sojeros, pusieron 5 mil millones de dólares para restablecer fondos en el Banco Central, como para darle un respiro a Massa. Estamos en manos de las corporaciones, totalmente, de Hugo Sigman, de Gustavo Grobocopatel, de Eduardo Elsztain, los grandes sojeros. 

Y el campo no termina de entender.  Mirá que yo he predicado charlas, les he escrito a través de de “Bichos de campo”, por ejemplo, que es un programa para la ruralidad, y les he tratado de explicar de mil maneras que el interés del hombre del campo no puede ser el mismo que el de la empresa de Grobocopatel, digo, cómo se llama la empresa que generó el trigo transgénico… Bioceres. No pueden ser tan torpes y hacer eso no puede, por más que sea sojero que esté rentando su campo para un pool. No podés equivocarte tanto y pensar que tu interés es semejante al de Bioceres. Tenés que ser muy bruto, hermano, seguir reclamando contra las retenciones. Yo te explico: es el negocio de los exportadores y de los grandes sojeros porque te medran con las retenciones, te medran con la compra anticipada.

Pero ahí hay un problema que no se entiende por ningún lado, porque el gobierno kirchnerista del 2008 -a partir de ese momento y la disputa con el campo hasta hoy- mantiene el instrumento de las retenciones cuando las retenciones favorecen a los exportadores porque las cobran por anticipado al productor, que las paga por anticipado y después especula…

Por eso, la retención es un derecho a la exportación. Me parece bien, es una política de Estado que decidan una retención para que el exportador pague, pero el exportador se las descuenta del precio del poroto y después especula con la fecha de venta. Claro, y entonces como el Estado le permite que compre anticipadamente, al Estado le devuelve la retención de antes. Esto pasó en la crisis del campo, pero al productor le cobra la nueva, con lo cual en la crisis del campo se quedaron con más de 2 mil millones de dólares de los productores y de la producción de soja, ¡de los productores! Claro, si le sacaron a cada uno… 

Ahora nadie se queja y mirá que yo hablé en la asamblea de productores y los tipos me dan la razón. “Y sí, usted tiene razón”, me dijo un tipo… y los demás: el silencio total. Un tipo me dijo “yo soy agricultor, hago soja, y usted tiene razón, pero yo prefiero pelear contra Cristina Fernandez y no con el exportador”.

Pero nadie se le anima a los exportadores -que son cinco empresas-, ni los productores, ni el gobierno…

No, nadie. Está liderado por los acopiadores, los tienen así en sus manos y hasta que no rompamos ese liderazgo la Argentina no tiene posibilidad de salir de este espanto.

Porque por otra parte tenés que toda la política agraria está pensada por gente urbana, por gente urbana que no conoce del campo, nada. Cada vez que disponen algo sobre el campo están haciendo una macana, no entienden nada y se alimenta el odio entre el campo y la gente de la ciudad, que son necios con poder. Empecemos por ahí. Toda la clase política son necios con poder. Es una clase política parasitaria y el campo no tiene un discurso para desarmarla.

El discurso del campo también es de necios, porque el discurso es -me ha pasado haciendo la campaña contra la fumigaciones-: “nosotros que nos levantamos a las cuatro de la mañana…” y me atacan a mí, a mi me atacan ¿por qué no atacan al gobierno? ¿Por qué no cambian el paquete tecnológico? Bueno, ahora por ejemplo, yo les digo, si la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos condenó a Monsanto y determinó que el cáncer está provocado por el glifosato, ¿qué esperan ustedes? ¿Cuánto va a demorar en llegar ese criterio? En la Argentina tenemos 30 millones de hectáreas con esa semilla, resistente al glifosato, o sea el Roundup. El Roundup es el glifosato, más, se le ponen excipientes que son muy venenosos, también es muy cancerígeno, por ejemplo, para que el glifosato se pegue a la hoja y dure más tiempo. Roundup no es solamente glifosato, el glifosato, más algunos añadidos que facilitan el trabajo del glifosato. Nosotros trabajamos con una soja resistente a Roundup, o sea que se la siembra y se pone Roundup. En Estados Unidos determinan que es venenoso, que produce cáncer. Yo digo ¡poné las barbas en remojo! Si sos productor agrario aprendé a pensar. ¿Cuánto tiempo va a demorar en llegar esa política aquí?

Un proyecto peronista hoy, si es que eso fuese posible, o un proyecto que abreve en las raíces, en las fuentes de lo que fue el peronismo, ¿qué cuatro o cinco grandes cuestiones debería atacar rápidamente? 

Lo primero es cambiar el modelo. Porque lo que hace este gobierno de los ladrones es tratar de socializar el modelo. O sea, yo estoy en una asamblea de Federación Agraria y un líder de un grupo de izquierda dice: “Tenemos que luchar por la reforma agraria.” ¿Qué significa la reforma? Y me dice “un millón más de chacareros como nosotros de boina negra y botas de goma y un millón más que se reparta la tierra”. Entonces yo levanto la mano y digo “compañero, quisiera hacer una pregunta. Es que yo estoy de acuerdo con que seamos un millón más. Pero le pregunto: ¿esa idea para hacer qué?” Y me dijo “soja”, por supuesto: está socializando el modelo. ¡No hermano! ¡Lo que yo quiero es cambiar el modelo!

¿Y qué sería cambiar el modelo

¡Dejar de hacer soja! Basta de forrajes. Hacer la carta ambiental de Perón, volver a producir alimentos sanos de calidad. 

¿Y la industria?

La industria en paralelo. Pero volver a competir en el plano internacional con alimentos sanos, saludables, sostenibles. Poné lo más caro, lo que vos quieras, lo ha tratado de hacer Putin, no sé con qué suerte, pero en algún momento pretendió erigirse en la potencia más grande en producción de alimentos sanos. ¡Es un rol! Si vos calculás el peso de un auto de alta gama, el más caro yo no sé ni la marca, pero uno de esos que valen fortunas, dividilo por kilo: ¿Cuántos kilos pesa ese auto que vale millones de dólares? Bueno, dividí una vaca argentina buena de campo de pastoreo racional en el mercado de Barcelona. Y te das cuenta que el kilo de carne argentino vale más que el auto de alta gama ¿Por qué nos vamos a avergonzar de producir carne? ¡La mejor carne del mundo! ¿Cuál es el problema? Mientras tanto, podemos fabricar autos o no. Lo que tenemos es una carne maravillosa. Pero no, estamos haciendo feedlot, corrales de engorde, porque somos brutos, porque no entendemos, porque somos urbanos. 

¿Y hacia dónde ves que está yendo esto?

Esto va cada vez peor y porque por eso te digo, están poniendo plata sosteniendo la economía del país frente al Fondo Monetario. Es gobierno Grobocopatel -se dan besos en la boca con la izquierda piquetera-. ¡Es el colmo! El PJ está lleno de gente sojera y pro-soja. ¿Les parece natural hacer soja?

Por fuera del gobierno y de la oposición de Juntos por el Cambio, ¿ves algo?

No. Es muy pequeño. El panorama es muy duro, muy duro. Hugo Sigman es el presidente de la Argentina. Gobierna el Ministerio de Salud, él es el jefe de Gabinete, el tucumano es empleado de él [se refiere a Mazur] y es el que está detrás del ministerio de Agricultura y está detrás del Ministerio de Salud. Es duro. 

¿Cuál creés que es la tarea de la militancia que no quiere esto? ¿Cuál sería esa tarea o las tareas que habría que encarar? 

Y mirá, yo confío mucho en la juventud, pero calculo que los neo-rurales son millares de chicos de la clase media que se han ido al campo y que están, por ejemplo, seguidores de Jairo Restrepo. Hay mucha gente que está haciendo  Pastoreo Racional Voisin, carne de la mejor calidad. Pero no basta, no tienen políticas propias como para cambiar al Estado.

Entonces es un camino de experiencias y ejemplos personales. Yo también lo practiqué en esta casa mientras tuve fuerzas, pero yo les digo que sumen un programa de radio, sumen algún tipo de militancia política, porque no sirve de nada que en nuestra familia comamos orgánico y que se auto-abastezcan, no basta. Tenemos que cambiar el país. Estamos cada vez peor, porque además los simuladores tienen un relato agroecológico. Todo mentira. Pusieron a la U.T.T. [Unión de Trabajadores de la Tierra] en el Mercado Central. Es todo mentira, son todos simuladores: le compran a cualquiera, después lo venden como agroecológico, desvirtúan todo. 

¿Cómo hacer? ¡Hay que patear el tablero! No podemos reformar las jugadas de ajedrez en que estamos empeñados. No, hay que patear el tablero ¿Y cómo se hace? Porque hay que salir de los pooles de siembra, dejar de escuchar al hechicero Grobocopatel o Hugo Sigman. El problema es que la izquierda, el marxismo, cuestiona el capitalismo, pero desde sus propios presupuestos. Eso es lo que ocurre, en lo importante están de acuerdo, están de acuerdo en los criterios fabriles, salariales, en la cinta de montaje, en que gobernar es urbanizar… 

¿Y qué paradigma se le opone realmente a este sistema?

Hay que cambiar el paradigma y pensar un modelo para la Argentina, donde no vivamos con la crisis de prestado. ¿Qué crisis energética vivimos? Crisis energética porque tratamos de vivir según el modelo de otros. No tendríamos que tener crisis energética, tendríamos que vivir a la medida de lo que nosotros producimos. Ahora estamos vendiéndole por U$D 5 el petróleo o el gas a Bolivia y a Chile y compramos los barcos de gas a U$D 50, esta es la corrupción que nos mata, ¿comprendés? En vez de vivir de nuestro gas lo exportamos barato y se lo compramos a Europa, caro. ¡Una locura! Pero bueno, es una canalla dirigencial que además no tiene límites. Eso no les importa nada. 

Estoy convencido que acá hay que imponer la primera ley de pena de muerte para el que toma deuda eterna y se acabó. Pena de muerte. Y para la corrupción yo creo que hay que ser durísimo. Es la única manera de salir de esto. Se están llevando gran parte del producto bruto y se lo lleva la corrupción, por eso no se puede creer lo que roban, lo veo los municipios de por aquí, pero son fortunas, y son apenas directores del municipio. Fortuna, fortuna. No se puede creer. Y toda la plata se va por allá, se va y se va y bueno, y nosotros exportamos carne. Pero de pronto se suspende la exportación de carne, la cuota Hilton, uno no entiende por qué. Después me explicaron que era porque se trata de que bajen el precio los frigoríficos y que baje su valor porque hay una burguesía en Brasil que pretende comprarlo pero no al precio que tienen. 

¿Tiene sentido intentar volver a revivir, a resucitar el peronismo o hay que apuntar a la construcción de algo nuevo?

Proponerse como futuro volver a los esquemas del pasado, en principio, no está aconsejado, no es lo mejor. Además, sin Perón, sin el 4 de junio, sin esas fuerzas armadas que estaban… Perón discutía con 40 o 50 generales o tenientes coroneles tanto o más nacionalistas que él, y ahora no hay ninguno… Entonces, en junio del 43 los debates en la Escuela Superior de Guerra eran… no existen hoy ni en la universidad argentina el nivel que tenían esos cuadros. O sea que hay que generar algo nuevo. Ahora no tenemos Fuerzas Armadas. Tenemos la universidad totalmente colonizada por las empresas. El trigo transgénico de la patente de Bioceres que cobra Bioceres, el 30% para el CONICET y el 30% para la Universidad del Litoral. Son cómplices. La Universidad es una prostituta. 

Los ingenieros  agrónomos se forman en la FAUBA y no se forman para liderar los campos para la producción. Se forman para respaldar recetas de agrotóxicos. Es terrible. Pero bueno, yo creo que hay que resucitar una corriente de nacionalismo duro, alentar el espíritu nacional y volver a tener un proyecto de todos.

Yo les hablo a la gente del campo, les hablo a todos, les digo superemos las banderías porque hay política de Estado, la gobernanza son las políticas de Estado. ¿Pretendemos cambiar a Cristina por Mauricio Macri? ¡Si hizo lo mismo! ¡Exactamente lo mismo! Es que no entendemos. Además, le dio más poder a los movimientos sociales. Mauricio Macri hizo contratos, tercerizó la administración de la pobreza. Ni Cristina se había atrevido a eso, a lo que hizo Mauricio Macri, y ahora son un poder en la calle infernal. Entonces ¡No! Cambiemos. No es a través de lo electoral que va a cambiar esto. Hay que patear el tablero, hay que poner mucho patriotismo y salir a cantar Aurora y rendir culto a los veteranos de Malvinas y tratar de resucitar el fuego del ardor patriótico.

Si no, no hay esperanzas, porque los chicos se van al exilio. Tenemos un millón y medio de gente que vive afuera y que no van a volver más a su país, como México, que vive de lo que le mandan los trabajadores mexicanos en Estados Unidos, o los cubanos…

Tendríamos, antes de que el país se vaya a la mierda, tenemos que decir basta y para eso la bandería no sirve, tenemos que trascenderla. Y en eso estoy. Por lo menos en los últimos años de mi vida tengo la esperanza de lograr un cambio. Tengo esa esperanza. No sé si se me confunde lo que deseo hacer con lo que más aspiro, con la posibilidades que tengo que son muy pocas…

Bueno, Jorge, muchísimas gracias por esta conversación, por esta entrevista. 

Gracias a ustedes.

Quedará pendiente para otra vez abordar lo que no se pudo por una cuestión de tiempo, pero muchísimas gracias. 

Gracias. ///// DB

*Crédito de imagen: Econautas editorial.

Disclaimer. Contenido libre de financiación del Departamento de Estado.
23 Sep. 2026
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