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MATAR A UN HOMBRE, AMAR A UN HOMBRE

02 Mar. 2026
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El 24 de marzo de 1962 Emile Griffith vendó sus manos, se puso los guantes, se subió al ring del Madison Square Garden de Nueva York y combatió con fiereza durante doce rounds contra Bernardo Paret. Estuvo a punto de ser derrotado por KO en el sexto round, pero se repuso y terminó golpeando tanto a su rival que éste nunca se recuperó y murió diez días después. Esa noche, Emile Griffith mató a un hombre.

Era una pelea grande, se disputaba el Título Mundial de la categoría welter, era la tercera vez que se enfrentaba con el mismo rival. Decenas de miles de personas estaban frente al televisor disfrutando de un espectáculo, y todos vieron cuando Griffith se abalanzó sobre su oponente, lo puso contra las cuerdas y lo golpeó en la cabeza entre diez y quince veces ante la mirada pusilánime del árbitro.

Bernardo Paret era cubano, tenía 25 años y ese día subía al ring por vez número cincuenta como boxeador profesional. Quién sabe por qué, quizás para quedar bien con alguien, en el que sería el último pesaje de su vida, el cubano encaró a Griffith, levantó su dedo índice apuntando a su cara y gritó en español “ey maricón”, para seguir en inglés “te voy a dar a vos y a tu marido”.

Emile Griffith había nacido en Islas Vírgenes pero era neoyorquino por adopción. Pasaron otros cuarenta años hasta que declaró públicamente su homosexualidad. Primero dijo que era bisexual, luego pudo abrirse y, pocos años antes de morir, dijo en un reportaje que era homosexual. En el medio estuvo casado con una mujer, y durante toda su carrera se negó a hablar del tema. Sin embargo, los rumores alrededor suyo existían desde mediados de los años ´50. Reconocerlo en el momento hubiera sido no solamente revolucionario, valiente y transgresor. Hubiera sido imposible.

Griffith siguió su carrera después de haber matado a un hombre, pero no volvió a ser el mismo. “Muchas veces he contenido la fuerza de mis golpes por temor a repetir la historia”, diría años después. En su largo derrotero peleó y perdió dos veces contra Carlos Monzón, en el Luna Park en 1971 y en Mónaco en 1973. Fue seis veces campeón del mundo y se retiró en 1977 con ciento doce combates profesionales de los cuales ganó ochenta y cinco.

Emile Griffith  era un hombre tranquilo, con una forma de ser y de estar que para su época y su oficio resultaban intolerables. En los años ´60, un homosexual no sólo era raro, sino que también era enfermo, inferior y hasta perverso. Griffith fue resistido y humillado. Mientras luchaba contra sus miedos, sus fantasmas y sus inseguridades, el cubano Paret lo humilló en público y no vivió para contarlo.

Sin embargo, la historia “romántica” de que Griffith mató a Paret porque le dijo maricón es poco creíble. Un boxeador nunca quiere matar a su oponente, y en caso de quererlo difícilmente podría decidirlo. Benny Paret no murió solo porque su rival le pegó de forma encarnizada cuando podía haberlo evitado, sino también porque el árbitro no detuvo a tiempo los golpes y porque venía de sufrir dos KO en sus últimos tres combates.

Muchos años después, ya en el siglo XXI, el viejo Emile Griffith fue apaleado por una patota cuando salía de un boliche gay. Esos golpes, y no los recibidos en el ring, le provocaron una dificultad cognitiva y un problema de memoria. Emile Griffith  murió el 22 de julio de 2013, querido, respetado y admirado por casi todos los que lo conocieron. Sabio como fue, pocos años antes de morir dejó una de las frases más hermosas que yo haya leído: “Yo maté a un hombre y la mayoría de las personas lo entiende y me perdona. Sin embargo, yo amo a un hombre y para muchas personas eso es un pecado imperdonable”.

Esta nota se publicó originalmente el 31/7/2016 en la revista Periodismo Por Venir.

Disclaimer. Contenido libre de financiación del Departamento de Estado.
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